Cuando se diagnostica una neoplasia de mama, es habitual que el tratamiento incluya una cirugía, como puede ser una mastectomía o una cirugía conservadora, y, en muchos casos, también se complemente con quimioterapia y/o radioterapia. Este conjunto de tratamientos tiene como objetivo erradicar la enfermedad, pero también puede conllevar una serie de consecuencias físicas que es necesario abordar lo antes posible para preservar la calidad de vida de la paciente.
Uno de los efectos secundarios más comunes tras la intervención quirúrgica es la pérdida de movilidad en el hombro y el brazo del lado afectado. Esta limitación puede aparecer por diversos motivos: el trauma quirúrgico en sí, la inflamación de los tejidos, la posición antiálgica (es decir, para evitar el dolor) que adopta la paciente de forma inconsciente, o la inmovilidad prolongada durante el periodo postoperatorio. Estos factores pueden favorecer la aparición de retracciones, contracturas musculares, adherencias cicatriciales y, en general, una falta de movilidad funcional.
¿Cuál es la función de la fisioterapia en este contexto?
La fisioterapia juega un papel clave en la recuperación física tras una cirugía de mama. Mediante técnicas específicas y ejercicios adaptados a cada caso, se busca recuperar la amplitud de movimiento de la articulación glenohumeral (hombro), mejorar la fuerza y funcionalidad del brazo, y reducir el dolor o la tensión muscular acumulada. Todo ello no solo tiene un impacto positivo en la calidad de vida de la paciente, sino que también prepara el cuerpo para las fases posteriores del tratamiento.
¿Por qué es tan importante recuperar la movilidad antes de iniciar la radioterapia?
La radioterapia es un tratamiento local que requiere una colocación muy precisa del cuerpo para asegurar que los rayos afecten solo a la zona deseada, minimizando los efectos sobre los tejidos sanos. Si la paciente no tiene suficiente movilidad en el brazo, puede tener dificultades para adoptar la posición necesaria —con el brazo elevado y estirado hacia atrás— durante las sesiones de radioterapia. Esta limitación puede condicionar el correcto desarrollo del tratamiento y, en algunos casos, incluso puede requerir modificaciones en la planificación radioterápica.
Una buena movilidad, por tanto, no solo reduce las molestias durante la sesión, sino que contribuye a una mayor precisión del tratamiento, más comodidad para la paciente y menor riesgo de complicaciones a largo plazo.

Ejemplo de posicionamiento de los brazos en el tratamiento de radioterapia en pacientes con cáncer de mama.
Conclusión
La rehabilitación postquirúrgica en el cáncer de mama es una parte esencial del proceso terapéutico. Recuperar la movilidad antes de iniciar la radioterapia no es solo recomendable, sino necesario para garantizar que el tratamiento se pueda aplicar con seguridad, eficacia y comodidad. El trabajo coordinado entre el equipo médico y fisioterapéutico es clave para lograr una recuperación óptima y global de la paciente.
En muchas unidades de rehabilitación oncológica se llevan a cabo programas específicos para ayudar a las pacientes a recuperar la movilidad y evitar complicaciones postquirúrgicas. En Oncolliga Girona ofrecemos asesoramiento en fisioterapia oncológica y drenaje linfático para mejorar la calidad de vida de las personas afectadas por cáncer de mama.
Si te encuentras en este proceso, recuerda que cuidar la movilidad de tu hombro puede marcar la diferencia en tu recuperación y bienestar. Consulta con profesionales especializados y cuida tu cuerpo con ejercicios adaptados a tus necesidades.

